viernes, 15 de marzo de 2013
El mundo
Erase una vez un planeta verde y azul, los colores de sus bosques y mares. En ese planeta vivían muchas personas pero estaban separadas una de otras, dispersas en pequeños grupos.
Un día comenzó un incendio en el bosque, era un gran incendio, tal era su tamaño que algunas personas se detuvieron desmoralizadas al instante al contemplarlo, sobrepasadas por un miedo que les paralizaba.
En poco tiempo el humo atrajo la atención de muchos más de diferentes lugares que enfrentaban la amenaza como podían.
Los más valientes se metían de cabeza al bosque, con hachas y cubos, sacrificándose casi con seguridad por el bien común. Los había que preferían debatir como atajar el problema con seguridad y estos no se movieron de sus casas o centros de reunión, donde se desarrollaban los debates. Otros estaban sobrepasados por la magnitud de la ola destructiva y apagaban arbustos y matas, que un poco calcinados quizá sobreviviesen.
El bosque seguía ardiendo, arboles centenarios devorados por el fuego, restallando y chisporroteando en un mudo grito de auxilio. Pronto el incendio era tal que muchas personas valientes habían muerto sin poder detener su avance y la amenaza para sus comunidades, en algunos casos ya humeantes restos pasto de las llamas.
Quedaban algunos arbustos y personas apagando algunos más, un hombre apático las observaba. Entonces apareció una pareja que llegaba a debatir la situación mientras la veían en directo. No tardaron demasiado en concluir que el apático era el mayor problema allí, estorbando sin hacer nada, le acusaron a gritos de todo esto, le llamaron mala persona, lastre, traidor, asesino, destructor. Le espetaron que al menos podría ayudar a apagar arbustos. El apático les miró con la cara vacía de expresión.
- Habéis venido aquí para enseñarme vuestro concepto del respeto, pero no os respetáis más que a vosotros mismos. Habláis de soluciones pero dejasteis morir sin ayudarles a los que de verdad querían arreglarlo. Decís que podría apagar arbustos, lo que yo he visto es como los mayores arboles se carbonizaban porque a algunos les parecía más fácil hacer eso y a la vez dejaban que el incendio se extendiese. Todo se podría haber evitado si hubiéramos entendido que teníamos un papel igual de importante en esto. Así que por favor dejadme. Dejadme a solas con mis pensamientos, mientras siento lastima por este planeta en el que solo van a quedar arbustos y charlatanes.
jueves, 14 de marzo de 2013
Uno de esos días
Hoy es uno de esos días. Me sabe la boca a sangre. Donde mire todo el mundo parece tener prisa. Se impacientan y se saltan los semáforos, un egoísmo familiar nos hace atropellarnos los unos a los otros. Creo que en otras circunstancias seriamos educados y habría gestos de disculpa, una mínima cordialidad y comprensión, pero hoy no, porque es uno de esos días.
Camino y no pienso en nada en particular. Mis sentidos se han cerrado, me justifico esa reacción automatica como autodefensa, pero eso no cambia que haya escogido consciente o subconscientemente, estar ciego y sordo.
Todas esas personas en la calle parecen representar otra cosa, una humanidad que corre sin sentido ni destino claros. Sigo caminando y presto poca atención a todos ellos, me acabo de dar cuenta de que mi corazón esta tallado en hielo, uno azul profundo como el que se ve en las zonas polares.
En días así todo me parece un sinsentido y lo que la vida me da para rumiar en mi periplo hace que la boca me sepa a sangre.
lunes, 26 de noviembre de 2012
Ubicados
Cierto, ahora estamos los dos aquí y eso le da
significado a todo, a nosotros, a esta conversación y lugar.
Pero desubícalo, relativiza. Te darás cuenta de que en
el mismo instante que lo hagas todo pierde profundidad y así los factores
anteriormente mencionados como otros externos parecen desaparecer.
Hay unos cuantos interesados en que nunca alcancemos
esa visión en perspectiva, sabríamos que ellos importan tanto o tan poco como
nosotros. Un mundo enorme existe ahí fuera y mucha gente que sabe (o sospecha,
como poco) de lo que intento hablarte. Ellos no pueden abandonar su punto de
vista, relativizar y quitarle casi toda la importancia a sus problemas, ya que
son su vida.
Me preguntas porqué quiero desubicar esta situación,
descentrar tu atención. Es lo contrario, así me doy cuenta de que este momento,
tu y yo, esta conversación, es todo lo que importa.
domingo, 25 de noviembre de 2012
Mirar y Ver
Ya
había pasado por todos esos estados: depresión, euforia, sentirse profundamente
estúpido, seguro de sí mismo, loco. Y no eran ganas de reincidir sobre algo ya
conocido, era la imposibilidad de dejar de hurgarse en el cerebro, una
necesidad que no se puede explicar a otros.
Va a
lugares conocidos. Repite las mismas tareas. Mantiene la rutina y la cordura
unidas, sabiendo que ello es el estado natural de las cosas. Estaba enfermo de
incomprensión, hacia si mismo y lo que le rodeaba. Contrastar el propio
diagnóstico de la enfermedad no ayudaba, hay (y habrá) quienes aportan luz y
quienes lo embarran todo.
Le
conforta un poco la búsqueda, sentirse parcialmente comprendido. La irritación
que puede producir a unos alguien así la supera el respeto por ese estado que
despierta en otros.
Esta
noche hemos acudido al mismo lugar conocido. Buscamos la seguridad de una cama
de espino en un entorno revestido de cuchillas. Una mirada alrededor
tranquiliza mucho, estamos casi solos. El ambiente se oscurece, nos oculta,
quiere guarecernos. Acudo a por una nueva dosis y espero junto a él. Durante
esa tensa espera es cuando nos vemos, aunque nos hayamos mirado cien veces
antes.
miércoles, 24 de octubre de 2012
La noche
Me hacen gracia los habitantes del día. Caminan cegados por
la luz que les rodea. La brillante cubierta les impide ver la Verdad tras la
verdad, ignorantes de la Realidad tras la realidad.
Yo vivo en la noche, en las sombras, en todo lo que es
oscuro. He aprendido a hacer mis aliados los miedos primarios, nadie ve lo que
no quiere ver. La obtusa humanidad mira a la negrura en que vivo, no consiguen
apreciar nada, ningún detalle, así que piensan: “oscuridad, nada más.” Pero
siempre hay más, aunque se nieguen a reconocer que pueda ser así, es por miedo
a la Verdad que no lo hacen.
He vivido toda mi vida en los espacios habitables entre la
luz y he aprendido como pasar de unos a otros sin quemarme. No es un camino fácil,
pero hay una razón para buscar la iluminación por el camino opuesto. En
conclusión todo lo opuesto es en último término la misma cosa.
Debo despedirme, se acerca el día, desaparezco hasta que
regrese mi amada noche, mi cobijo. Un
consejo, habitante de la luz: Desconfía de quienes impiden que la luz te llene
o la sombra te ahogue.
lunes, 15 de octubre de 2012
Contribución - Oktubre 2012
Otro oktubre… mírense… miren a su alrededor.
Ha pasado un año. Un
año entero. ¿Es esto mejor?
Normalmente de un
oktubre a otro la cosa cambia a mejor, crecemos
moral e
intelectualmente, nos relacionamos con personas… ¿cómo dice?
¿qué no sabe lo que
es el contacto humano? No me extraña. Si
pudiéramos nos
meteríamos la cabeza por el culo para ver nuestro
intestino ya que es
lo único que nos importa.
Nuestro intestino y
el último corte de pelo del nuevo
futbolista-modelo- discapacitadomental que esté de moda.
Pero estoy
generalizando. Seguramente si está leyendo esto no le
interesan cosas
mundanas como el fútbol. Usted tirará más por los
mitos de Cthulhu y
zarandajas de esas del coñazo de Howard Phillips.
Sí, tengo para
todos, pero es que ustedes me lo ponen muy fácil, ni
siquiera se ponen de
acuerdo en cómo se pronuncia…
Pero me estoy yendo
del tema. Decía que nada ha cambiado, o si lo ha
hecho ha sido para
peor. ¿Creían que en el año pasado estábamos en la
mierda? Una vez más
miren a su alrededor y comprueben que la mierda
nos llega ya a la
altura del pecho, incluso esas chicas tan monas de
cara pero
irremediablemente bajitas la tienen a la altura de la boca y
están catando el
delicioso sabor de una sociedad negra como el orto
del que esto
escribe.
Dicen que los
esquimales tienen unas treinta palabras para designar al
color blanco (aunque
seguro que es puta mentira, maldita sabiduría
popular de palo,
infección del conocimiento), no lo sé, el único
esquimal que conozco
es Nanook, de su documental y de eso hace noventa
oktubres y ni
siquiera era un documental de verdad, estaba todo
falseado, pero ahora
los europeos en general y los PIGS (Portugal,
Italy, Greece,
Spain) en particular podemos nombrar un montón de
negros. Antes
creíamos que había uno solo, pero a medida que pasan los
días, las semanas,
descubrimos tonalidades diferentes.
¿No es esto
maravilloso? Encontrar la inspiración en el miedo, en la
incertidumbre, sacar
lo mejor de nosotros cuando estamos en lo más
bajo cobra un nuevo
sentido. Ahora puede significar sacarnos un óvulo
para ganar algo de
dinero. Donar un puto óvulo para ganar dinero,
renunciar a una
posibilidad de tener un hijo para ganar el puto euro
que nos falta para
llegar a fin de mes.
Hijos por dinero…
demagógicamente podría tirar por ahí, pero supongo
que muchos lo han
hecho antes que yo. Pero da igual, quería centrarme
en lo que la actual
situación puede hacer por nosotros.
Ahora estamos solos,
nadie nos puede ayudar, nadie nos quiere ayudar.
¿Rescate para
Spanien? ¿O para los bancos de Spanien? Olvidadlo, sólo
nosotros podemos
salir de los treinta nombres que le podemos dar al
negro. Tiremos
piedras, quememos contenedores, pateemos
antidisturbios, lo
que sea para vislumbrar al menos un tono de gris,
no pido más.
Pero estoy pidiendo
lo imposible ¿verdad? Ustedes lo saben, yo lo sé,
incluso esos niños
supuestamente quemados lo saben, el próximo oktubre
va a ser peor que
este y el que viene peor aún.
Sólo nos queda
intentar sacar nuestra cabeza del cacas y que la mierda
no se nos meta mucho
en los ojos.
O no, no me hagan
mucho caso, mi septiembre no fue muy bueno y este
oktubre no ha
empezado mejor.
Tal vez no sea más
que un amargado. Tal vez. Pero tal vez ustedes
puedan probar que me
equivoco. ¿Cómo? ¿Que lo van a intentar? ¿Por
ustedes o por mí?
Dejen que me
descojone un poco. Sus intentos son tan fútiles como los
míos para intentar
descubrir las reglas del cricket. ¿Saben que esos
colgados se pueden
tirar días con un partido? Intenten entender sus
normas si no son de
ascendencia anglosajona… imposible.
Una pena este
escrito… en realidad no va de nada en absoluto, me he
puesto a escribir
sin ningún final a la vista y así me ha salido, en
mil direcciones a la
vez pero siempre con la vista fija en el
deterioro de la
sociedad, en el soma que consumimos incluso
voluntariamente… nos
somatizamos voluntariamente ¿tan perdidos
estamos?
Sí, por supuesto.
Nos vemos el año que
viene en el cuello de botella que es la vida.
jueves, 11 de octubre de 2012
¿Certeza?
Los rascacielos surgen entre parques salvajes, las
enredaderas lo trepan todo, irrespetuosas, nada es verde, toda esa naturaleza
esta muerta. El
aire denso y neblinoso dispersa la luz, las formas distantes aparecen borrosas
y podrían ser cualquier cosa.
El paseante no comprende, su barriada, su ciudad entera no
es la que conoce, ha sido transformada en una pesadilla.
Encuentra otros transeúntes y cree poder pedirles guía, al
acercarse huye lleno de horror. Todos tienen los parpados y los labios cosidos,
las costras purulentas y el nauseabundo olor cerca de ellos le hacen vomitar.
Cuando recupera la visión empañada por las lágrimas el
escenario ha cambiado. Enormes insectos, puede que escarabajos, amasan bolas de
desechos, metal y cadáveres. Llevan sus paquetes a un enorme montón sobre el
que se alza un trono, en él se sienta un hombre enloquecido atento a la
recolección, riendo a carcajadas, tiene hambre porque come con ansia pedazos de
carne arrancados de un brazo cercenado.
Al paseante no le cabe duda, su mente ya no funciona, esta
loco sin vuelta atrás.
- - Toma, cógelo.
Tras un parpadeo todo es luz y superficies pulimentadas, un
centro comercial. Caras felices o aburridas le rodean, en la coreografía de
circulación de pasillo.
En su mano un rifle automático de asalto cargado, el
paseante quita el seguro…
miércoles, 10 de octubre de 2012
Feliz cumpleaños
Marina es una chica pequeña y triste. Por su encogimiento se
adivinan y acrecentan ambas cosas. Toda su vida la ha pasado huyendo del dolor,
encerrándose en lugares imaginarios creados en su mente.
El motivo: su padre. Desde que Marina tuvo uso de razón su
padre abusó de ella de las formas más detestables, tanto más siendo su propia
hija. La había pegado cada vez que su enfermizo cerebro así lo precisaba.
- - Marina, tráeme otra cerveza –una bofetada.
- - ¡Marina! Eres la cría más imbécil del mundo. ¡Te
dije que ayudaras a tu madre a limpiar! – el sonido del cinturón desabrochándose.
- - Eh… Eh Marina, soy Papa, despierta… - abalanzándose
sobre ella en la cama, todo impregnado del olor a alcohol y sudor.
Había crecido así, callada, temerosa de cualquier sonido,
reclusa en su propia casa, con su madre, estatua muda, como carcelera cómplice.
Cuanto más lejanos quedaban los doce años menos la pegaba y
más la violaba, no le gustaba tocarla cuando estaba amoratada por los golpes y
los abusos se centraron en la noche y la cama.
A los catorce años Marina era el ama de casa que su madre
era incapaz de ser. Un día consiguió desatrancar la puerta del sótano, un lugar
a donde sólo bajaba su padre, para meditar a solas. Limpió el polvo de las estanterías
y los extraños libros que allí había y uno llamó su atención.
Era un libro lleno de símbolos que ella no conocía, igual
que la lengua en que estaba escrito, no se dio cuenta, ensimismada por el
descubrimiento, de que su padre había bajado allí también.
- - ¡Marina! ¡¿Qué haces?!
No pasó a verla en las noches de al menos dos semanas. En las que tampoco pudo ir al colegio.
En ocasiones, mientras su padre la violaba, ella rezaba a
Dios pidiéndole que le curase de su enfermedad, que purgara ese mal de su
cuerpo, le diera una oportunidad de mejorar en su trabajo en el taller, ganar
más dinero, ser feliz y quizá pudiera ser el padre que debió ser. Nada cambió
durante años.
Llegó su quince cumpleaños. Le hicieron muchos regalos y
tuvo una gran tarta. Su padre había cambiado de trabajo, estaría más horas allí
y ganaría más dinero, por primera vez le vio feliz y sonriente y dio gracias a
Dios, su corazón estaba repleto de gratitud y alivio.
Esa misma noche supo lo que iba a pasar en cuanto se abrió
la puerta de su cuarto, los vapores del whisky lo anunciaban.
- - Marina cariño, feliz cumpleaños – se metió en la
cama e introdujo su lengua agria y babosa en la boca de ella.
Las esperanzas de Marina murieron para siempre.
El año siguiente siguió casi igual. Con énfasis en el “casi”.
Su padre estaba feliz y tenía dinero, eso solo quería decir que cuando volvía a
casa estaba más borracho y pasaba más tiempo en la habitación de Marina. Para
ella, la principal diferencia era que ya no rezaba a Dios, las historias de la
Biblia sobre los justos y los mansos le parecían patrañas ahora. Había escogido
rezarle al Demonio, al mal más oscuro que pudiera concebirse.
Pasaba noches sin dormir, deseando que simplemente se
muriera, de algo natural y rápido, se conformaba con eso. Pero él simplemente
medraba en todos los aspectos, incluso se daba más tiempo a si mismo pasando
fines de semana enteros en el sótano, volviendo aún más relajado y sonriente.
Ella cantaba mantras interiores a cualquier dios de la muerte que pudiese haber
existido y el viejo cabrón no se moría.
El mal no parecía prestarle atención, así que la
noche antes de su dieciséis cumpleaños esperaba a su padre sentada en la cama,
abrazada a sus rodillas, con un cuchillo escondido en la manga del pijama, esa
noche le mataría.
Entonces vio un coche negro con cristales ahumados aparcar
frente a su casa, de él bajaron dos hombres muy altos, también vestidos de
negro, trajes muy elegantes, gafas de sol y sombreros de gánster. Su padre
salió a recibirlos, como si los esperara, oyó la conversación amortiguada por
los cristales de su ventana, parecía como si su padre intentara negociar con
ellos, los hombres de negro se rieron y abriéndole la puerta trasera del coche
le llevaron adentro, él se volvió hacia la casa y cruzó la mirada con Marina.
En los ojos de él un grito de auxilio, en los de ella
frialdad glaciar.
La puerta del coche se cerró y el hombre de negro que
quedaba se dirigió a la puerta del conductor, la abrió y se paró un momento, miro
directamente a Marina y le sonrió, hizo un gentil gesto inclinando el ala de su
sombrero con la mano, entro en el coche y se marcharon.
Era… como si ese hombre lo supiera todo. No, lo sabía todo.
Cada centímetro de piel de la niña le decía que estaban allí por ella.
Al día siguiente bajó al salón, volvía a haber una tarta con
dos velas para el número dieciséis pinchadas encima. Su madre estaba hecha un
desastre, tenía ojeras y estaba envejecida.
- - Feliz cumpleaños – dijo con un hilo de voz.
lunes, 1 de octubre de 2012
Oktubre, parte dos, remake (kultesqueando)
¡Madre! ¡Que de polvo! (Cof cof, Atjó atjó) ¿Hace cuanto no se pasa a limpiar
esa cosa cornuda que tenemos en el sótano? Ah, que no le damos de comer hace un
año y está más seca que la vena creativa del tío que escribía esto, ok…
Vale, esta vez va en serio. Ya sé que soy un espíritu del
inframundo poco fiable, pero esta vez es de verdad. Oktubre ha vuelto, rejuvenecido,
mas limpio, mejor.
¿Desea usted liberar frustraciones hablando de los oscuros
recovecos de su mente? Cédanos su material, se lo publicaremos de inmediato,
con la condición habitual… Ha de pasar el filtro kultesco (información adicional
en el post “Kult”, con la etiqueta “kultesco”).
Preparaos almas del elíseo, porque este año, aporte alguien
material o no, el purgatorio se llenara de sangre, almas y kultescadas.
lunes, 3 de octubre de 2011
Oktubre, segunda parte

Si, igual que en las malas sagas del cine. Oktubre vuelve. El mes kultesco empieza y espero de mi fiel audiencia (venga Perce sé que estas por ahí) algunas aportaciones.
¿Cómo? ¿Dices que no sabes de que va todo este asunto del Oktubre kultesco? La verdad, no me extraña, por suerte para ambos, dadas mis pocas ganas de explicarlo de nuevo, existe información de sobra en forma de relatos, mini relatos y alguna cosa más en las entradas anteriores del blog bajo la etiqueta "kultesco"(ahí a la derecha).
El año pasado las aportaciones fueron un magnifico relato de Adri (que todavía me provoca pesadillas) y un corto de esa inagotable factoría que es Jota Parro (muy recomendable). Si quieres unirte a ellos y este humilde espíritu del inframundo manda cualquier cosa que se te antoje kultesca durante este mes.
¡Oferta limitada! ¡Vamos gente que se acaba!
miércoles, 27 de julio de 2011
Consunción

Fumo. Como casi todo lo hago sin demasiada convicción. El gris en el asfalto me habla, habla de realidad, de monotonía.
Yo busco más tonalidades, una paleta llena de matices. Pero mis palabras son insuficientes. Entre lo que quiero hacer y lo que hago hay rejas forjadas de intenciones que me ocultan como finalizar correctamente.
La naturaleza habla, haríamos bien en escucharla alguna vez. Yo le presto mi alma a cada oportunidad, a cambio me regala mis tan ansiados colores que no hallo en ninguna otra parte.
Desarrollo una nueva tarea. No tengo preparación y no sé cuánto duraré. Igual que cuando estoy borracho proyecto una imagen distinta, casi opuesta.
Apago el cigarro. ¿Nos consumíamos a la vez?
sábado, 23 de julio de 2011
Invierno 18

La calma precedente desapareció según la vibración proveniente de las estatuas aumentaba. Los aldeanos abandonaron su fascinación y la cambiaron por una furia asesina. En la plaza se desató el caos.
El caballo que parecía una salvación a la vista estaba siendo engullido por la avalancha humana y pronto Urlen y Dindan correrían la misma suerte, algo que aunque amenazador preocupaba al joven guerrero menos que los guardias a los que vio tensando sus arcos.
- ¡Muévete maldito loco! – tiró de Dindan para encumbrarse en el pedestal de las estatuas huyendo de la muchedumbre.
- El movimiento no nos salvará – respondió acompañándolo de una patada en la cara de una anciana que lanzaba sus manos buscando arañarle.
- ¡La charla tampoco! – alzó el escudo para detener dos flechas y resopló clavando la vista en su compañero.
Desde la posición elevada se defendían a patadas y golpes contra los habitantes de Arboleda que hervían en una rabia descontrolada, no parecían seres humanos, más una jauría, los ojos inyectados en sangre, las bocas llenas de espuma. Varios de ellos se colgaron del escudo y fueron atravesados por los proyectiles, eran demasiados y les arrebataron la defensa.
Dindan tuvo una idea recordando un truco del que aún disponía. Extrajo una cajita que sobresalió de la superficie del Canundrón. Tenía una manivela en una de sus caras, comenzó a darle vueltas y resultó que era lo que parecía, una caja de música. Un pequeño prodigio que reprodujo su canción y brilló levemente. Las flechas que iban hacia ellos se detuvieron en el aire y el brillo de la cajita se intensificó.
- ¡Anda! Esa no se la sabían – sonrió satisfecho, demasiado satisfecho.
- Gracias una vez más – Urlen siguió repartiendo mamporros y la vibración de su apoyo siguió in crescendo - ¿Qué hacemos ahora? – tuvo que gritar para resultar audible.
- Hay una interferencia donde debería haber una diferencia – el bardo sudaba dando vueltas a la manivela y parecía luchar mentalmente, hasta tal punto que la furiosa turba le capturó.
- Estamos perdidos – las flechas congeladas en el aire cayeron al suelo y Dindan fue tragado por la masa.
- ¡Destruye el veneno! – fue lo último que se pudo oír mientras lo arrastraban.
La espada familiar Olast refulgió con los escasos rayos de Sol que se filtraban entre las nubes. Defendió su posición mientras pensaba que aquella muerte honorable que soñaba sería solo una quimera y dándole vueltas a aquellas palabras vio entonces la fuente a escasa distancia y su caño, la serpiente. Las ninfas parecían sonreírle a él.
Liberando su brazo entre otros que lo apresaban, resistiendo como solo un Olast podía hacerlo, lanzó un último golpe para cercenar la cabeza de ofidio. El esfuerzo era considerable y sus numerosos atacantes le impedían alcanzar su objetivo, haciéndole lanzar estocadas al aire.
Atravesó a un hombre no mucho mayor que él mismo, quizá el más joven a su alrededor, sintió pena un instante que humedeció sus parpados y con un certero tajo destruyó el caño. El agua brotó con fuerza y la serpiente metálica se retorció al caer al suelo sangrando bronce.
Urlen sonrió al comprobar que todos se habían parado y su alegría duró lo mismo que la fruta madura tarde en alcanzar el suelo desde el árbol, lo mismo que tardó la última flecha en trazar una precisa trayectoria e impactar en su pecho.
Se tambaleó y miró los rostros gemelos de piedra negra contemplándole burlones. Después… sólo oscuridad.
viernes, 22 de julio de 2011

Ahora lo veo. Entiendo la causa última detrás de muchos interrogantes del pasado. Pero nada ha cambiado, sigo teniendo las mismas preguntas.
La duda sigue ahí, donde la dejé. Desde el momento en el que se fracturó la lógica en los cimientos de mi mundo. Cuando me heriste, cuando te mentí, cuando nos quisimos hasta odiarnos.
Ahora recorro los montes alejado de los caminos. No me cruzo con casi nadie. Los que se aventuran negocian bien lo que les sobra a cambio de desesperación. En época de rebajas me siento a contemplar, la apatía me devora.
Es el juego autonecrofágico lo que me repugna, no entender la subsistencia a partir de plástico y metal, de lo sintético. Aumentamos nuestra artificialidad y disfrutamos, aparentemente.
jueves, 21 de julio de 2011
A la puta calle

Los tremendos soplidos de la plataforma elevadora al soltar presión anunciaron que iba a bajar. El hangar había estado tranquilo unos días con su familia huésped en una agradable monotonía, comían, bebían y dormían, era casi el paraíso. Incluso a Ryo (que no lo confesaría a nadie) había empezado a gustarle.
Armand siempre cauto les bajaba las provisiones en una cesta atada a una cuerda, quería tenerles bien atendidos pero se fiaba poco de estar cerca de Ryo y su cuchillo de plástico. Había dedicado mucho tiempo a meditar su decisión y al fin sabía qué hacer.
La plataforma de carga se acopló al suelo con un golpe y Armand se dirigió al centro del hangar. Los cuatro humanos venidos del páramo le esperaban llenos de curiosidad, avanzaba hacia ellos pulcramente vestido y peinado como siempre y cargaba con dos bolsas de tela. Les miró nervioso y tragó saliva, le tranquilizó un poco pensar en la pistola de plasma bajo su bata blanca.
- Perdonad por el tiempo que os he tenido aquí abajo.
- Todo está bien – Sofía habló amablemente a aquél hombre que les había dado semanas de confort y comida abundante – todos estamos… mejor que bien – sonrió, todo lo contrario a su cuñado Ryo, de pie junto a ella.
- Si si, perdonado. ¿Qué va a pasar ahora? – el cuchillo que había fabricado con aquel plástico estaba oculto en su manga y se lo clavaría a Armand en el cuello de no ser por las mujeres allí presentes.
- Ahora os iréis – lanzó las bolsas de tela delante de la familia, dentro estaban sus armas y provisiones – habéis estado seguros un tiempo y mis recursos no son infinitos, así que ahora os iréis – su tono frio y maquinal chocó a Kira que siempre fantasiosa pensaba que aquel benefactor misterioso sería distinto.
- ¿Por qué no nos quedamos aquí abajo? – nunca había visto a su madre y su tío tan tranquilos y felices y no quería perderlo – Por favor, deja que nos quedemos, no te molestaremos nada y… y buscaremos más comida y agua para nosotros – hablaba rápida y atropelladamente, ni sabía lo que decía.
- ¡Kira! – Sofía la reprendió aunque Kira estaba robándole las palabras de la boca, no se le escapaba el bien que aquel lugar había hecho a su familia.
- No necesitamos nada de este tío, vámonos de aquí – Ryo abrió las bolsas y al ver el contenido su cara de sorpresa fue mayúscula.
- Si, te devuelvo tu pistola con munición adicional, así, si quieres, en vez de apuñalarme podrías dispararme por la espalda – la acusación hizo arder a Ryo y las miradas de los dos hombres chocaron un instante que pareció eterno, el gesto pétreo de Armand no cambió, aguantando el pulso con sus ojos medio cerrados, amenazante.
Por la fuerza del enfado y el orgullo herido Ryo cogió las armas para marcharse y dejó las provisiones a Kira y Sofía que las recogían con cara de resignación.
Menut, que en todo momento había estado enganchada a la pierna de su hermana se adelantó a curiosear en los inesperados regalos y reconoció algo… Sacó un sobrecito transparente dentro del que estaba inmortalizada su flor azul, la niña se rió divertida con esa risa sana de la inocencia, con el regalo en la mano se acercó corriendo a Armand. Volvió a ofrecérsela como lo hiciera la vez anterior.
- Es tuya – una sonrisa acudió a sus labios al ver la cara de Menut.
- ¡Tu-ya! – fue la primera palabra que la niña había pronunciado alguna vez, al menos que su familia hubiese oído, ellos no habían podido dedicarse a ella en ese sentido, la supervivencia siempre prevalecía sobre lo demás.
Armand sintió lagrimas brotar al recoger la flor.
lunes, 11 de julio de 2011
Invierno 17

Una plaza abarrotada recibió a los dos fugitivos que huían de la sala de justicia envueltos en místicos ritmos. Los aldeanos se detenían y cerraban los ojos para sentir la melodía, cuantos más se acercaban a averiguar la causa del tumulto más caían en el mismo trance.
Avanzaban entre la marea de gentes envejecidas y Urlen volvió a sentir un velo de irrealidad que cubría todo a su alrededor, le pareció que se movía entre espectros. Intentaban llegar a un caballo atado junto a lo que iba a ser escenario de su ahorcamiento, pertenecía a un guardia y esperaba debidamente ensillado.
Mientras Dindan buceaba en su concentraciónsu compañero le guiaba y les abría paso cuidadosamente. Estaban muy cerca del caballo, de una salida, Urlen casi podía notar el tacto del cuero en la punta de sus dedos.
Hubo un fogonazo de tal intensidad que cegó a todos los presentes, la música cesó.
A tan solo unos metros de nuestra pareja se reveló abrumadora una singular fuente. Todos la miraron sorprendidos por su aparición, el efecto se prolongó unos instantes en los que Urlen no había detenido su impulso de huida.
El músico volvió a lo suyo, sin embargo en esta ocasión el Canundrón no produjo música, tan solo un sonido a mecanismos atascados y un ruido como de cencerro aplastado. La fuente reaccionó de forma inesperada al intento de Dindan de accionar su mágico instrumento, vibró igual que un diapasón gigante, sacudiendo el aire mismo. El musgo y las plantas se desprendieron de la piedra y lo que les había parecido un arbusto moldeado magistralmente reveló su forma verdadera.
Bajo el verdor aparecieron dos estatuas gemelas tan bien realizadas que en toda la región no podría haber otras que les hicieran sombra. Eran dos ninfas en una pose simétrica, con los brazos extendidos hacia delante sujetaban un báculo que servía como caño para el agua y eje de la escena, miraban orgullosas con amplias sonrisas hacia delante, ofreciendo el chorro fresco y vivo a la pila donde caía describiendo un arco.
La fuente estaba tallada enteramente de un bloque de piedra negra volcánica haciéndola más rara si cabía, una parte era metálica, el bastón que sostenían las bellas hadas en cueros. El caño dorado culminaba en una cabeza serpentina con las fauces abiertas mostrando unos colmillos espeluznantes.
Urlen se fijó en un labriego próximo que le observaba cada vez más despierto y acercándose a donde se encontraban, así que le machacó la cara con el puño.
- ¿Qué está pasando? ¿Por qué la caja no suena?
- Estamos seriamente jodidos bárbaro cabeza hueca – el Canundrón seguía sin sonar y Dindan contempló la fuente con seriedad, un gesto que su compañero no podía ubicar en esa cara.
sábado, 9 de julio de 2011
73
Los gritos rasgan el aire llegando hasta la cúpula del cielo, el aire se llena del olor del miedo y la muerte. No hay monstruos de fantasía caminando por las calles, solo el horrendo dios de la realidad. Los cadáveres se apilan, los animales rapiñan las miserias de la civilización, deformes, contaminados.
El gran hombre y sus iguales ríen en colmenas que no saben fueron construidas a su alrededor antes de que su especie fuera tal. Ignoran los gritos, aunque pueden oírse claramente llenando cada milímetro del espacio y continúan cenando sin modales, las salsas y las grasas de la comida manchando sus ricas ropas, sin importarles el repugnante olor de los cadáveres apilados sobre los muros de la mansión.
¿Lugar? Muchos en este mundo. ¿Tiempo? Ahora mismo.
En las entrañas de la Tierra, en su palacio de metal y carne, infierno dirían algunos,
los males de la humanidad se ríen, la risa, como el llanto, no significan nada para ellos, pero se ríen. Y podría ser que fuesen reales o podrían ser solo nuestros propios demonios, los peores, nosotros mismos.
El gran hombre y sus iguales ríen en colmenas que no saben fueron construidas a su alrededor antes de que su especie fuera tal. Ignoran los gritos, aunque pueden oírse claramente llenando cada milímetro del espacio y continúan cenando sin modales, las salsas y las grasas de la comida manchando sus ricas ropas, sin importarles el repugnante olor de los cadáveres apilados sobre los muros de la mansión.
¿Lugar? Muchos en este mundo. ¿Tiempo? Ahora mismo.
En las entrañas de la Tierra, en su palacio de metal y carne, infierno dirían algunos,
los males de la humanidad se ríen, la risa, como el llanto, no significan nada para ellos, pero se ríen. Y podría ser que fuesen reales o podrían ser solo nuestros propios demonios, los peores, nosotros mismos.
domingo, 1 de mayo de 2011
Invierno 16

La caja se abrió y sus runas entrelazadas y mosaicos de botones multicolor revelaron nuevamente su esplendor. Los dedos de su dueño pasaron por su trabajada y compleja superficie, habían estado separados unas pocas horas pero la añoranza acumulada era mucha.
Los toques del bardo eran precisos y del Canundrón surgió una melodía triste y solemne. La música captó la atención de los presentes que interrumpieron toda otra actividad para atender extasiados.
El acompañante del intérprete estaba observándolo todo desde el destrozado tragaluz en el techo del Gran Salón. Ataba una cuerda en la viga bajo él con la intención de acercarse al mágico influjo del Canundrón, del que temía su posible influencia, no tanto como temía la creciente lluvia de flechas que caía cada vez más cerca.
Según se descolgaba por la soga advirtió la avanzada edad de los ocupantes de la sala, en ese instante cayó en la cuenta, no había visto un niño desde que entraran en Arboleda. El público de tan peculiar actuación estaba maravillado e inmóvil, no así los guardias que abrieron las recias puertas de una patada, armas en ristre.
Urlen lo vio claro, se impulsó con ambas piernas y balanceándose en la cuerda cayó sobre ellos, reduciéndolos a golpes de inmediato. Acto seguido fue hacia un concentrado Dindan que no se había detenido.
- ¡Dindan! – le llamó mientras se le aproximaba, al parecer sin éxito - ¡Oye!
- Acrobacia, brutalidad, estas empezando a gustarme bárbaro sureño – la sonrisa burlona de músico volvió como sus molestas observaciones igual que si nunca hubieran desaparecido.
- Tenemos que irnos de aquí, ya – le apremió asiéndole del brazo mientras tocaba botones y cuerdas.
- ¡Au! ¡Cabrón! ¡Espera! – usó las cintas de cuero del Canundrón y se lo colgó al pecho para tocar mientras andaba, se acercó a Urlen y le olisqueó con cara de extrañeza - ¿A qué carajo hueles?
- Cállate.
domingo, 24 de abril de 2011
Secretos televisados

Uno de los monitores de seguridad centelleaba y mostraba sólo nieve gris e interferencias. La mayoría de las pantallas controlaban el perímetro alrededor de la vivienda. Un aviso apareció superpuesto en la lectura que Armand llevaba a cabo en su ordenador, se levantó y apagó el monitor que fallaba.
Hacía una semana que había alojado a la familia errante en el hangar de vehículos, una zona sucia pero adecuada por el momento. Su principal preocupación era cuanto iba a durar ese “momento”. Estaba leyendo algunas de las teorías de duplicación genética de su padre, siempre más interesado por las cosas vivas que él, un apasionado de las máquinas.
El texto de su progenitor era de carácter práctico, formaba parte del proyecto para reiniciar la especie humana que llevaba gestándose desde tiempos del abuelo de Armand, en aquella generación que nació de un mundo asolado por la guerra nuclear.
La esperanza de llevar a término aquel plan había disminuido rápidamente con los años. Las mujeres habían muerto o desaparecido y con ellas las posibilidades de reproducción. Y ahí se encontraba el dilema, en aquel hangar había tres mujeres, en el único lugar del mundo donde eso podría significar la salvación de la humanidad.
Para Armand era doblemente difícil abrirles las puertas a su casa, sabía lo importante que podía ser aquello, pero eran (aparte de su padre) toda la humanidad que conocía y no sabía si merecían su confianza. Los escritos acumulados también contenían una guía, una ayuda para tratar con personas si se daba el raro caso de encontrarlas.
“Hijo mío, en nuestra historia la confianza siempre fue una gran preocupación, un delicado bien. Ya te he hablado en otras ocasiones de los diferentes perfiles psicológicos que este mundo nuestro podría traer ante tu puerta. Debes observar y decidir. Recuerda que la falta de confianza a gran escala ya secó la Tierra una vez.”
Con estas palabras en la cabeza fijó su atención en una de las cámaras que enfocaban al interior de la casa, concretamente al hangar. Allí un Ryo claramente nervioso afilaba un largo pedazo de plástico contra una pared. El paso del tiempo le estaba impacientando.
viernes, 22 de abril de 2011
Invierno 15

El despacho del alguacil estaba cubierto de una fina capa de polvo. Armas y escudos colgados en la pared recordaban los días jóvenes y llenos de aventura. En el escritorio esperaban documentos de diversa naturaleza legal y Jort debería estarlos revisando como primera tarea de la jornada. Pero el jefe había interrumpido sus obligaciones por una improvisada siesta.
Algo en sus sueños le sobresaltó y abrió un ojo al compás de un ronquido. En la calle frente a su cuartel vio a un hombre joven que se pertrechaba a toda velocidad. Estaba equipándose con una bonita armadura que por un momento inspiró al alguacil recordándole algo del pasado, con ese recuerdo se quedó dormido de nuevo.
Tras haber escapado de la prisión y recuperado su equipo a Urlen ya solo le quedaba seguir improvisando viendo que no le había ido mal. Tuvo sus dudas al recuperar sus cosas, no quería sobrecargarse y había dejado su arco y el carcaj de flechas a favor de recoger el resto de los bultos y poder correr ligero.
Y corriendo llegaba junto al Gran Salón, de su interior procedía un clamor airado. Podía imaginar quién era el responsable.
Trepó todo lo rápido que pudo, encaramándose al edificio, algunos centinelas le habían divisado y el silbar de flechas lanzadas en su dirección sonaba amenazante.
Se apresuró en recorrer el techado, más proyectiles le persiguieron, una saeta rebotó contra la hombrera de su armadura.
Se encontraba frente a una claraboya, bajo él pudo ver el juicio, o su final en realidad, el gobernante dio órdenes a los guardias y Urlen desenvolvió uno de los paquetes que había recuperado de las estancias de Jort, era el Canundrón, objeto que le transmitía un enorme respeto. Contempló con admiración el instrumento y acarició su madera oscura.
De una patada reventó el tragaluz, los ocupantes del Salón se cubrieron de los cristales y miraron arriba. El caballero estaba allí y captó la atención del músico contundentemente.
- ¡Dindan! – Voceó.
Este levantó la vista y recogió el Canundrón en su caída. Abrazó la caja y la besó, como haría con una mascota perdida, deformando este amoroso gesto una mueca siniestra acudió a sus rasgos y con el instrumento abierto mostrando su interior avanzó triunfante al centro de la escena.
sábado, 16 de abril de 2011
Fuerte y débil a la vez

La silueta de brillo metálico de la máquina de guerra se dibujaba contra la intensa luz que proyectaban los focos que tenía detrás. Para los cuatro que estaban al lado del enorme portón recién abierto el golpe de luz había sido cegador y ahora que volvían a ver no podían creer a sus ojos.
El hombre mecánico avanzó con pesados pasos y a medida que salía de la luz parecía aumentar de tamaño, impresionando aún más a la indefensa familia.
Cuando la poderosa pierna hidráulica salió del garaje levantó algo de polvo en el suelo y Ryo, sin pensarlo siquiera, apuntó con su arma a la máquina.
- Emm… ¿Hola?
Armand en todo momento había estado intentando manejar aquel cacharro para que se moviera ágil y no había estado muy atento al exterior. En la pantalla principal que tenía frente a la cara saltaron alarmas y símbolos rojos rodeando un objeto, la pistola.
La armadura se movió con inesperada rapidez al compás de zumbidos y deslizamientos maquinales. Su brazo izquierdo desplegó un accesorio plegado en el antebrazo, era una vara con una “U” en su extremo, la semiautomática voló de la mano de un estupefacto Ryo para encontrarse con las puntas de la “U”. Unos segundos después también un cuchillo de caza había abandonado su funda en los pantalones de Sofía y estaba retenido por el artefacto.
La tensión de la escena tenía a los adultos muy distraídos, así que Menut dio rienda suelta a su habitual (y tan natural) curiosidad juguetona y se separó de su hermana Kira.
El brazo derecho del exoesqueleto había desplegado dos ametralladoras rotatorias de múltiples tubos que giraban amenazantes y apuntaban a Ryo y Sofía.
Uno de los sensores indicó al ocupante del vehículo que algo se le movía por debajo, un animal pequeño. Abrió el visor en la panza de la armadura y vió a la niña que correteaba alrededor suyo. Las ametralladoras se detuvieron y volvieron a plegarse. Una trampilla se abrió liberando unos peldaños metálicos.
El hombre envuelto en una bata blanca de tela y un traje inmaculado que salió del engendro mecánico sorprendió a casi todos los presentes, no así a Menut, que le miraba divertida.
La pequeña se acercó a aquel extraño con descuidada simpatía y extendió su mano ofreciéndole una flor arrugada y marchita que conservaba un intenso tono azul.
Aunque nadie lo sabía era la primera vez que alguien regalaba algo a Armand y era también la primera vez que él devolvía una sonrisa.
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