lunes, 27 de septiembre de 2010

Invierno 11



La estancia de Urlen en arboleda no estaba siendo lo que se dice paradisiaca. Disfrutaba de la hospitalidad del Alguacil Jort, famoso por la seguridad infranqueable de sus calabozos.

Así las cosas se decidió a esperar hasta que alguien le visitara, además de las ratas, que correteaban por las grietas en los muros a su alrededor.

Cuando amaneció el siguiente día se oyó jaleo en la plaza frente al cuartel del alguacil. De un salto se agarró a los barrotes de su ventana, que estaba lindando con el techo de la pequeña celda, aupándose con ayuda del muro veía la plaza desde el suelo, una incomoda ironía.

Entre una multitud agitada surgió uno de los vigilantes con Dindan cogido por el brazo mientras apartaba a la violenta muchedumbre. Desde aquel lugar, rodeado de ruido y agitación el músico volvió la cabeza y miró a Urlen a los ojos como si hubiera sido consciente de su escrutinio en todo momento.

La mirada intrigó al guerrero, era igual que la de los lobos que dejaran atrás en las montañas, tranquila y respetuosa pero que no oculta el animal al acecho tras ella.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Chorradismos




Tengo el gusto de presentarles a todos ustedes un increíble truco de ilusionismo, observen. Aparece un mago de gesto taimado, en su mano trae una chistera y... ¿que saca de ella? Una prohibición contra las fiestas taurinas, pero atentos, vuelve a ejecutar sus pases y ¡magia! ¡de la misma chistera esta vez sale un toro envuelto en llamas! Otro truco patrocinado por su querido sistema, un aplauso por favor.

Mi poco sutil aproximación a este asunto , deja claro lo que opino y seguramente más de uno como yo. Ya cuando prohibieron en cataluña los festejos me lamente ante familia y amigos "este es un día triste para las libertades civiles", se me escapaba a cada rato y lo decía en serio, es que de verdad es triste que nos prohiban ser unos salvajes que disfrutan del sufrimiento ajeno (y no lo digo irónicamente).

Tenia razón uno que ese día defendió una posición coherente, decía este chaval (el único político al que le desearía un final con menos salpicaduras que a los demás) dirigiéndose a los favorables a la prohición en la cámara, que no se debía prohibir algo por causas equivocadas, todos sabemos que aquello no iba de vetar las corridas. Y que si tan defensores de los animales eran, que vetaran también los correbous (eso tan bonito de un toro con bolas ardiendole en los cuernos). Convirtiendo en rocambolesca la situación los mismos hipócritas bocazas a los que se dirigía aparecían en televisión después defendiendo lo contrario.

Y también coincido con él en otra cosa, la más importante. Prefiero que mis congéneres rechacen algo como los festejos taurinos porque les asquea, a que se lo prohiban, porque entonces si que la jodimos. Lo supe desde que esos trajeados pomposos se aplaudían los unos a los otros. A la siguiente corrida un comunicado en defensa de "la fiesta" y a continuación todo país con un mínimo vinculo con esa "cultura" reivindicando su derecho a hacer el animal, en el peor sentido.

Y es que de estas cosas solo saco una cosa en claro. Las prohibiciones son una imposición y por lo tanto algo que parece un castigo por algo que no has hecho, lo que cabrea sin que sepas ni que es lo que te están prohibiendo hacer. Eso es lo peor de los vetos, legitiman incluso a quienes claramente no tienen razón, puesto que han pasado a ser un sector social oprimido.